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ENLAZAR NO ES DELITO. CITAR ES UN DERECHO. EL LIBRE ACCESO A LA CULTURA Y A LA INFORMACIÓN, LA BASE. COBRAR POR DIFUNDIR ES EMPOBRECER EL CONOCIMIENTO

sábado, 20 de julio de 2013

Sanchez-Camacho, madre soltera, carga contra las familias sin padre

Alicia Sánchez-Camacho: 'Bárcenas se podía haber quedado en el Polo Norte'

Es hija de guardia civil y asegura que eso marcó su carácter. Disciplinada y tenaz, la presidenta del PP de Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, dice que haría casi cualquier cosa por su líder, Mariano Rajoy, y por España, un país que siente se resquebraja. Seguimos durante un día a la mujer que podría ser una de las próximas ministras del Gobierno. Si la corrupción del PP, el affaire con los detectives de Método 3 y las críticas a su espectacular subida de sueldo en plena crisis no se lo impiden.

Por EVA LAMARCA | 19-junio-2013
"Imagen del artículo
Alicia Sánchez-Camacho© Sofía Moro
En 1995 los socialistas la nombraron directora provincial del Ministerio de Trabajo en Girona, un puesto de libre designación.
¿No pensó entonces en afiliarse al PSC?
—Jamás. Soy de ideas de centro derecha y soy una profunda liberal. Mis padres eran de derechas y la educación que he recibido es muy de derechas. Jamás pensé en el partido socialista, pero tampoco en el PP. Lo que sí se ha dicho es que a alguien de CiU le hubiera gustado en esa época que yo formara parte del partido, y algunos comentarios hubo, pero respondí diciendo que yo era catalana, pero también era española, y no podía estar en un partido que no reconoce la españolidad.
En 1996 se unió al PP, y tras ocupar varios cargos en el Ministerio de Trabajo, junto a su responsable, Javier Arenas, y al secretario de Estado, Manuel Pimentel—dos de sus padrinos políticos—, se marchó a Estados Unidos, pese a que entonces no sabía inglés, a ocupar el puesto de libre designación que María Dolores de Cospedal dejaba como consejera laboral de la Embajada española en Washington. “Mi gran sueño había sido ir a Oxford o Cambridge, pero no pude cumplirlo porque mis padres no tenían recursos”. Poco tiempo después Arenas la llamó para convertirla en presidenta del PP de Girona. Camacho encabezó las lista del partido en las autonómicas de 1999 y consiguió el acta, algo que repitió en los comicios de 2003. Fue entonces cuando se convirtió en tertuliana asidua: “Me pasaba el día en los medios: con Ana Rosa, Julia Otero, El gato al agua...”. Como buena opositora, era capaz de recitar al dedillo las tesis de su partido. Su cara se hizo conocida. En 2004 el PP la promocionó. Dio el salto a Madrid, renunció a su escaño en el Parlament y se aseguró el cuarto puesto en la lista de Barcelona a diputada del Congreso. Rajoy perdió las elecciones, pero ella fue elegida diputada del PP y nombrada portavoz de la Comisión de Interior.
Y en medio de esta meteórica carrera se divorció y tomó una decisión que, pese a lo extrovertida y abierta que es, no le contó ni a su familia ni a sus amigos más íntimos. Pidió un crédito y durante años se sometió a un tratamiento para tener un hijo por fecundación in vitro. Cometió el desliz de confesárselo, en privado, a Luis del Olmocon quien Camacho colaboraba en Protagonistas, y él lo soltó en antena. “Me tocó llamar a Mariano Rajoy, al partido y a mi familia…”.
¿Cómo reaccionaron?
—Con sorpresa. La que peor lo llevó fue mi madre. Yo he tenido una educación en la que los principios católicos y cristianos son fundamentales, muy arraigados. No lo entendió. Le costó asumirlo. Pero una vez nació su nieto, tiene locura absoluta, aunque sigue preocupándose mucho por él porque le da la sensación de que está huérfano, carente del afecto de un padre.
Su argumento en contra de que las parejas gays no puedan tener hijos o adoptar es porque cree que un niño debe tener un padre y una madre. Usted es madre soltera. ¿En qué momento traicionó su propia teoría?
—Es una cuestión que me han recriminado mucho. Entiendo que la gente lo pueda interpretar así, pero creo que los papeles del padre y de la madre son fundamentales para la educación de un niño. —Usted lo educa sin un padre.
—Pero yo no renuncio a que mi hijo tenga un padre. Mi hijo se va a educar, si Dios quiere, en una unidad familiar con un padre y con una madre. No creo en el modelo educativo de dos personas del mismo sexo. Y, aunque yo he hecho la opción en solitario, espero llegar a tener la pareja que mi hijo necesita.
Imagine que hubiera sabido durante el embarazo que el feto padecía una discapacidad grave. ¿Le hubiera gustado poder decidir si quería tenerlo o no? ¿Apoya todos los supuestos que conocemos de la ley del aborto que prepara el ministro Gallardón?
—Creo que el PP optará por la mejor ley posible. Voy a decirle una cosa: yo no me hice la amniocentesis, hubiera tenido a mi hijo como hubiera sido porque lo deseaba muchísimo. Pero creo de verdad que el partido hará una buena ley para todos.
Por primera vez siento que Camacho se pone nerviosa. Se toca el labio y mueve la pierna de arriba abajo. Pretendo saber si, como se dice, algunas políticas del PP están contrariadas con la nueva ley del aborto. Y si ella comprende a las mujeres que quieren poder decidir. “Ya pero es que yo... defiendo mucho la vida y siempre estaré de acuerdo con lo que haga el partido”, balbucea.
La conversación, que varios empresarios han interrumpido en dos ocasiones para pedirle “favores que ya le explicaré” y que ella ha lidiado con diplomacia, continúa en la habitación del hotel donde la maquillarán y peinarán para las fotos. No tiene inconveniente en meterse directamente en la ducha para mojarse el pelo. “A mí lo que me digáis, yo soy muy obediente” y en responder mientras la arreglan. “¡Pregunte, pregunte!”.
¿Entre sus sueños de juventud figuraba el poder?
—Jamás (dice con rotundidad) hubiera pensado en tener poder. Y sigue sin interesarme. El poder, lo poco que conozco de él, cada vez me gusta menos. De hecho, soy presidenta del partido popular catalán porque me escogieron y me pusieron, no porque yo quisiera llegar a una posición de estas características.
Lo dice con soltura. Y lo ha repetido en más de una ocasión durante nuestra entrevista: “Me pusieron”. Camacho fue impuesta, en julio de 2008, por la cúpula del PP como candidata a la presidencia del partido en Cataluña para terminar con la guerra que se había abierto entre los tres aspirantes iniciales: Alberto FernándezDaniel Sirera y Montserrat Nebrera. Tras entrevistarse varias veces con Ana Mato, entonces vicesecretaria de la organización, Sirera y Fernández retiraron sus candidaturas. Nebrera se resistió. Se presentó a la batalla bajo el lema: ¿Ser u obedecer? El XII Congreso del Partido Popular de Cataluña fue movidito. Mato fue recibida entre abucheos y gritos de “¡Tongo, tongo!”, y, pese a que Camacho (que cerró el discurso previo a su elección con un “¡Viva la Guardia Civil!”) ganó con el apoyo del 58 por ciento de los compromisarios, fue Nebrera, la perdedora, quien salió, literalmente, a hombros entre voces de “¡Torera, torera!”.

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